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El gerundio de envejecer

El gerundio de envejecer.

 

-Entonces ¿Matías se llegó a enamorar de alguna de esas chicas o no?

-Que va hija- dijo Don Ricardo a Laura- él solo quería llevárselas al huerto, pero era menos listo de lo que se creía y al final eran ellas las que se llevaban el huerto. Ay, qué cabeza la suya, y eso que lo teníamos todo hija. Aquí donde me ves, yo era de los más ricos del pueblo. En tiempo de guerra, nosotros teníamos para comer sin apreturas, teníamos tierras y teníamos parné, si no hubiera sido por el cabeza de chorlito de mi hermano… Ay, que tenía la cabeza en los pies, le gustaban demasiado las mujeres, el juego y los bares. Mi hermano lo tenía todo…

Laura atendía a Don Ricardo, cómo si no hubiese escuchado esa misma historia todas las mañanas desde hacía dos años, atendía y preguntaba mientras le movilizaba las articulaciones. Para Don Ricardo cada mañana era nueva y esa historia, lo más interesante que íbamos a oír en todo el día.

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