Como una zona cero en hora punta

 Como una zona cero en hora punta.

 

Porque ahora que ya ha pasado yo voy a seguir hablando de ella. Ahora que tengo tiempo entre otras cosas. ¿Crisis? ¿Qué más da? Vamos  de compras.

Como una debacle de explosiones, como un montón de bombas en un centro comercial a la hora de máxima actividad. Así definiría yo la Navidad. Luces, Ruido, ¡¡¡Acción!!!

Podría decirse que es un empujón para la situación actual, que es un respiro para las pequeñas empresas, ojalá sea así y todo este teatro tenga finalmente una cara realmente buena. Aunque ¿No es acaso un arma de doble filo? Si no hay dinero, no lo hay ni siquiera  en diciembre. Realmente papá Noel o los Tres Reyes Magos no pagan esos regalos. Discúlpenme si he herido algunos sentimientos, pero no existen. Ese dinero sale de la misma hucha que paga el pan de las casas.

 

La gente se vuelve loca y atasca todos los accesos a cualquier zona donde haya tiendas, las escaleras mecánicas  de esos centros, sufren un desgaste infame, los aparcamientos se convierten en unicornios mágicos con polvos de hada increíblemente deseados pero imposibles de encontrar. El macro despliegue de marketing para invitarnos al consumo es tal que nos convertimos en víctimas de absolutamente todas las luces que nos rodean. Todo es hermoso y susceptible de ser necesario para esa cena, para esa noche, para ese regalo, aquella preciosa canción de “All I want for christmas is you” se transforma en el más hipócrita de los villancicos.

La gente corre, compra, se estresa, pita, empuja, ¿realmente disfrutan estas fechas? Yo observo desde mi puesto de trabajo y no doy crédito, aunque cuando salgo del mismo me doy una vuelta para ver si compro algún regalo ¿Qué estamos enseñando a los niños? Si ven lo que yo veo, creo que nada bueno. Que es más feliz el que más tiene. Que eso nos define y que vales lo que valga tu regalo de Navidad. Ikea tendrá sus más y sus menos pero su anuncio de Navidad me ha llegado. La Navidad nos desamuebla la cabeza.


Mi historia personal estas Navidades ha sido la siguiente. He trabajado. Fin.

Así a priori bien ¿no? Tienes trabajo. No te quejes.

Y tengo que estar agradecida. Mis riñones y mis manos se lo agradecen a la gran empresa para que trabajo.

Y por cierto, aprovecha estas fechas y apechuga  sin rechistar, porque ya llegaran las vacas flacas y no tendrás tantas horas.

¿Horas? las que tengo que trabajar para cobrar un sueldo que no llega ni a ser decente, pero claro, el resto del año será peor. Es decir, se utiliza la Navidad tanto para incitar al consumo desmesurado, como, actualmente, para presionar al trabajador que debe de ser complaciente y callado si estima su puesto. Para ganar algún dinero “extra” y me rio yo del extra. Bien merecido, trabajado, ganado y desvalorado por sus jefes. Lo que debería ponerse en valor, se desestima, se define de tal forma que parece que ni siquiera lo mereces. Vamos, que te lo regalan. Y da gracias.

¿Se nota el mesecito que llevo?

Pido disculpas…Pero también quería criticar otras  cosas, tengo el día guerrero ¿qué le vamos a hacer?

Desde lo más hondo de mi corazón entiendo que más vale una buena acción que ninguna, pero me siento en la obligación de comunicar que siguen habiendo injusticias, siguen habiendo guerras, maltratos, necesidades, niños que pasan hambre, barbaridades en este mundo y mierda para aburrir. Y que, si os apetece, se podría continuar con la tónica de buena voluntad y amor de Diciembre. Y si algún mandamás se da por aludido y de repente se ve en la necesidad de intentar arreglar lo desarreglado pues bienvenido sea.

Ya, ya… entiendo, ahora viene cuando se dice “Yo soy solo una persona, yo no puedo cambiar el mundo” vale, sí, lo pillo. Pero, y perdonad que insista, también quería mencionar que no hay que irse tan lejos para ser bueno, solidario e intentar hacer el mundo un poquito mejor aunque sea solo a tu alrededor, compartiendo y solidarizándote con los que tienes más cerca. Puedes ser amable y mover el culo en el resto de meses del año y el resto del año empieza ahora. Muchas pequeñas cosas son las que forman las grandes.

 

Postdata: Por cierto, el despilfarro del mes anterior tendrá sus consecuencias en el presente, tanto para ti (yo), consumidor, como para ti, empresario. De nada.

 

Gracias por haber terminado el artículo, entiendo que ha tenido que ser difícil dada mi mala leche. En realidad soy un encanto. Lo prometo. Y todo lo que quería por Navidad eras tú…

Vane Roma.

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2 pensamientos en “Como una zona cero en hora punta”

  1. El espíritu navideño en algunos lugares se ha convertido en un desenfreno consumista. Mi ciudad no fue la excepción, pero creo que se pueden rescatar los buenos deseos y los propósitos, y tratar de mantenerlos durante el año, cada uno en el lugar que le toque.

    Buen 2015 para ti, pese a todo. Un saludo desde Argentina.

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