Banda Sonora de Luna. Capítulo VII.

Mi última cena

 

La rabia me invade, no puedo creer lo que acaba de hacer, Lenny gana un punto y pierde 10 de golpe, que me golpee a mi vale, pero a Uri… el entrenamiento es cada vez más duro, tres días han sido suficientes para que la intensidad haya aumentado en un 300% y yo haya descubierto que puedo saltar como una animal, que Uri, de hecho, también puede, que mis músculos son fuertes como nunca habría imaginado, que me recupero en minutos de golpes mortales, y que soy capaz de darlos.

Permití a Lenny intervenir en las peleas  junto con otros alumnos todos contra mí, o contra Uri y yo y en este momento me estoy arrepintiendo, Uri está tirado en la nieve a 10 metros de mi. Inconsciente, magullado, sangrando si no fuera él diría que le han matado.

 

La nieve en mi boca sabe a agua con tierra congelada pero la sensación de frío alivia el agudo dolor en el labio, estoy tumbada boca abajo aun deslizándome tras el golpe que me ha lanzado Lenny en forma de bola de luz, mi “paseo” se detiene al chocar contra el porche de la cabaña de Uri y destrozarlo.

Estoy agobiada, Uri ha recibido otro ataque similar, sé que él tardará unos días en estar al 100% y mañana nos vamos, no podrá recuperarse en condiciones ni recibir los cuidados adecuados, estaremos huyendo de nuevo y él estará convaleciente, Lenny es consciente de ello, y aún así…que mal me cae.

La cara de Uri inconsciente me destroza. Destrozar su cabaña al chocar contra ella me molesta, que Lenny sonría mientras nos hace esas cosas me encoleriza, que nadie vaya a atender a Uri me enrabieta… Me levanto despacio de entre algunas tablas del porche de madera de la cabaña. Caen unas gotas de sangre de mi labio y escupo la nieve que tengo aún en la boca. Empiezo a sentir como a mí alrededor se mueve el aire y se levanta la nieve del suelo. Miro a Lenny y  grito como si no hubiera mañana, un grito que se convierte en aullido, un aullido que rompe varios cristales, un aullido que responden Liem y los suyos desde el bosque.

 

Las tablas se apartan de mi camino como si fueran astillas, la nieve se levanta junto con algo de tierra mojada, la gente del patio se retira asustada, todos menos Lenny que me espera en el centro.

-¡¡Que alguien asista a Uri!!- grito.

Camino hacia Lenny y todo se va apartando a mi paso como si fuera Moisés abriéndose camino en el mar. Veo que el maestro mantiene su mirada altiva, desafiante, esto de hoy no le ha sorprendido tanto.

Pero yo estoy desbocada, descontrolada, debería asustarse.

Cuando llego hasta él me doy cuenta de que estoy iluminando con mis ojos, le miro fijamente, le cojo del cuello con una mano y lo levanto, él es bastante más alto que yo por lo que mis pies se despegan del suelo y me elevo sobre el patio junto con mi rehén bien sujeto.

Sigue mirándome prepotente y provocador, no puedo soportarlo, no quiero hacerle daño pero me está llevando al límite, por mucho que sea un entrenamiento por mucho que yo sepa que debe provocarme no debería llevarme hasta estos extremos, yo aún no controlo estas sensaciones, si soy rabia, ¿Quién me dice que no puedo actuar y luego arrepentirme? Aprieto el cuello de Lenny, vuelvo  aullar, el viento se vuelve huracanado, un remolino nos envuelve, un remolino  iluminado por mi mirada, por mi enfado y mi inseguridad, aúllo y siento las vertebras de Lenny debajo de mis dedos, sería tan fácil romperlo, sería tan fácil hacerlo todo añicos, a Lenny, a los chicos, las cabañas, el bosque, todo, y escapar…Grito, aúllo desconsolada. Pidiendo ayuda. Pidiendo consejo.

Niem aparece en mi mente. Me posee.

“Mira dentro, de ti, de él y mira fuera, eres tú, eres capaz, lo sabemos”

El tornado gira más despacio e intento serenarme.

La expresión de Lenny cambia un poco, pasa a estar tranquilo colgando entre mis dedos, nos miramos a los ojos, los suyos son más claros vistos desde la luz de los míos. Color miel. Miro dentro.

No hay maldad. Solo es un chulo. Él lo sabe. Yo lo sé.

-No vuelvas a hacer daño a Uri – digo con autoridad.

-No lo haré – balbucea como puede.

Desciendo voluntariamente. No estoy rabiosa pero sigo siendo poderosa y me sorprende no estar encolerizada y seguir notando esta potencia. Deposito a Lenny sobre el patio, este se frota el cuello y respira profundamente mientras me mira y sonríe.

-Concéntrate en tus dedos Luna – me pide con prudencia el maestro recién liberado.

Obedezco lentamente, miro mis manos y canalizo la energía hasta que la noto brotar por cada uno de mis dedos, salen 10 rayos de luna que generan unos juegos de luces maravillosos en el patio.

-Intenta unificarlos en una sola masa uniendo las manos – continúa instruyendo.

Hago caso a Lenny, uno despacio las manos, los rayos se van buscando entre si y girando sobre sí mismos, es maravilloso me estoy emocionando… Una preciosa esfera de luz se crea de mis extremos, una bola que dejo volar y se coloca en el centro del patio iluminando como si de una estrella se tratara.

Las personas que allí se encuentran no pueden cerrar la boca pero es que yo tampoco, Lenny está maravillado, como yo lo estoy, esa bola de energía se va desvaneciendo junto con mi sensación de poder absoluto y la luminosidad de mis ojos va dejando paso a mi mirada de diario, el viento va  cesando, la nieve cae a mi alrededor.

Lenny señala a Uri, que sigue inconsciente sobre el blanco manto en una orilla del patio, nadie ha ido a socorrerle, al mirarlo vuelvo a sentir la fuerza.

-Intenta que esa Luna que has creado caiga sobre él…

Interesada por poder ayudar a Uri, guio esa bola que ya estaba cayendo hacia Uri, y esta cae suavemente sobre su cuerpo desvaneciéndose por completo al entrar en contacto con él.

Todo termina. Yo vuelvo a ser Luna. La gente da por terminado el espectáculo, Lenny me toca un hombro y me mira con ternura mientras se da la vuelta hacia su cabaña.

-¿Ves? No eres rabia, eres paz, amor…- va diciendo mientras se aleja.

Uri abre los ojos. Corro hacia él y me coloco a su lado de rodillas. Le acaricio la cara y le quito un mechón sudado de la frente. Me mira. Yo aún tengo un poco de sangre en el labio. Pero mi piel se regenera espontáneamente delante de Uri, que me mira sorprendido.

-¿Qué ha pasado?

Sonrío.

-¿Cómo te encuentras tú? Que es lo más importante.

Miramos su camiseta chamuscada  hecha jirones.

-Parece que mucho mejor de lo que debería ¿No? ¿Me lo vas a contar?

Estoy muy entusiasmada, he ayudado a Uri, ahora no le duele nada, he controlado mis poderes, puedo ayudarle, puedo protegerle, puedo. Puedo y voy a hacerlo.

-Lo que te has perdido Uri.- digo conteniendo la sonrisa.

– ¿En serio? Cuenta.

Se levanta sin ningún rasguño mientras yo empiezo con una verborrea propia de Lauri, no de mí, pero es que ¡¡¡estoy tan contenta de que se encuentre bien!!! No me puedo creer lo que he sido capaz de hacer, no me lo puedo creer, ha sido maravilloso. Y Uri, Uri no ha podido verlo. Noto que está feliz por mí, por él. Por todos. Pero que le habría encantado estar consciente para haberlo disfrutado.

-Luna eso es genial – dice sonriéndome de esa manera en la que yo no puedo ni respirar al verlo- creo que deberíamos celebrarlo.

– Ah¿sí? ¿Cómo? ¿La fiesta de la nieve? Aquí poco podemos hacer. Si supiera cual es el próximo destino podría planear algo.

-No me presiones Luna, que soy un pobre convaleciente, ya verás donde vamos.

-¿Qué dices? pero si estas genial. Ya me he encargado yo – digo con una prepotencia que no me pega nada  de hecho me queda horrible

Uri ríe a carcajadas y yo también, en realidad no tiene tanta gracia pero estamos así de alegres.

Desde aquella noche del beso, cada mirada es intensa, cada acercamiento supone para mi mucho más de lo que había supuesto antes, cada roce voluntario o involuntario implica que mi corazón de volteretas y me quede sin aliento.

Ninguno de los dos ha vuelto a comentar nada de lo que hablamos, nada de lo que sucedió ni nada de lo que sentimos. Nada. Como si no hubiera ocurrido. Pero sucedió. Y ambos lo sabemos.

Cuando Uri puede dejar de reírse. Vuelve a intentar guardar la compostura y me dice.

-Podríamos cenar esta noche, juntos, solos, preparar algo un poco más especial. En agradecimiento por curarme.

La simple idea de pasar tiempo a solas con él es lo más tentador del mundo. Y hace que me tiemblen las piernas. Es lo más parecido a tener una visión que he experimentado.

-¿Cenar? Qué…qué hay de aquello que me dijiste la otra noche, eso de que no nos debemos ver…

– Lo sé, lo sé, perdona, no debí pedírtelo.

-Encantada, me encantaría, sí, sí, cenamos – digo precipitadamente antes de que Uri se arrepienta.

Uri me mira… sonríe. Sostiene mi mano.

Sonrió. Estoy nerviosa, pero ilusionada. Asustada. Pero deseando hacer cosas con él.

-Te recojo de tu habitación sobre las 19:00- concluye mientras me da un beso en los dedos y se marcha.

Yo solo suspiro. Y dejo caer la mano que antes rozaba la suya.

 

Mañana huimos, mañana mi vida vuelve a empezar en otro lugar, hoy he vuelto a probar el sabor del poder y esta noche voy a tener una cita con Uri. Que de cosas me ocurren en tan poco tiempo. Me sorprende no reventar, literalmente.

 

Cuando vuelvo a mi habitación encuentro a Lenny.

Esta sentado en una de esas sillas tan incómodas. Esperándome.

-¿Qué haces aquí?

Yo que entraba con mi cara de idiota tras la conversación con Uri.

-Hola Luna, solo quería comentar lo que ha ocurrido ahí fuera.

Le miro entusiasmada, es posible que su opinión sea provechosa.

-Ha sido real Lenny, creo que he conseguido controlarlo.

Lenny tiene cara de póker, su expresión es difícil de descifrar para mí ahora, con lo fácil que lo he visto hace unos momentos.

-Sí, ha pasado de verdad Luna, lo has hecho muy bien. Te doy las gracias por no hacerme trizas.

-Bueno, yo no puedo decir lo mismo de ti.- digo medio de broma- si por ti hubiera sido habrían pedacitos de Luna y de Uri desperdigados por el patio.

– Soy consciente de que con vosotros puedo atacar así Luna, sabes que no os haría daño.

-Bueno. Sí que lo haces, con Uri deberías llevar más cuidado.

– Lo que venía a decirte Luna es otra cosa.

-A ver, dime – y me siento en la cama cual niñita interesada en su cuento favorito esperando que me diga qué pasa con el príncipe.

– Pues es básicamente hacerte consciente de que todo el poder y energía que eres capaz de desarrollar para bien, para curar, para iluminar, para ver, para predecir y para aprovechar en tu beneficio también podría ser utilizado para destruir. La misma energía que ha curado a Uri, podría ser usada para atacar a cualquiera de forma devastadora. Esa bola luminosa sería a mayor escala como las que yo genero para los entrenamientos. Las mías tienen menos propiedades, claro está, pero es para que te hagas una idea. Hay que entrenar esa faceta. Tienes que tenerla muy controlada porque podría ser un caos si toda esa energía fuera sin una guía. Esta mañana estabas tranquila y con Uri siempre eres protectora sabía que jamás ni siquiera involuntariamente le harías daño. Pero debes saber que precisamente eso también es tu talón de Aquiles, Uri, es tu punto flaco. No debes dejar que lo sepan.

-Que lo sepa ¿quién? Creo que aquí todos los saben.

-Aquí no es un problema, aunque cuantos menos lo adviertan mejor. Me refiero al resto del mundo.

¿El resto del mundo? Esa noticia me destroza. Yo que llegaba tan contenta. Mi burbuja explota de repente.

 

El resto del mundo es mucha gente. Pienso.

Esta noche tengo una cita. Pienso.

Vaya una mierda. Pienso.

 

Pues bien, creo que me merezco al menos una ultima cena, eso ha sonado demasiado bíblico para mi gusto, pero es la verdad, me la merezco, quiero disfrutar a Uri un poquito, todo esto no debería ser así, los sentimientos deberían de ser fáciles de asumir y de demostrar, que ya es difícil ser correspondido, imagina si encima tenemos los astros en nuestra contra, y aún así, lo siento, y aún así él lo siente. Sí, voy a ir a esa cena.

 

Vuelvo a introducirme en mi nube particular, en la que Uri y yo cenamos y bailamos y nos besamos y… bueno esas cosa que hacen los enamorados, normales. Pero Él y Luna no son normales. Vaya por Dios. Tendré que conformarme con una cena a menos 20 grados en una cabaña con una estufa de leña. En realidad tampoco suena tan mal. Es hasta romántico. Cualquier cosa que haga con Uri lo es. Voy a disfrutar esta noche. Mañana ya veremos donde aterrizamos y que hago con mi vida.

 

Punto uno.

¿Qué me pongo?

Punto dos.

¿Dónde vamos a cenar y qué?

Cojo la comida de la cocina y nos la llevamos… ¿¿al porche?? A menos 20 grados, ¿nos hacemos unos bocatas? Esto va a ser gracioso. Pero especial. Va a ser con él. Lo será.

 

Cuando salgo de la ducha y me miro al espejo desnuda pienso: “Pues la verdad es que se me está poniendo un cuerpo de atleta que quita el hipo”. Lástima que tenga que taparlo con 4 capas de ropa para poder sobrevivir en este lugar. Si nuestro próximo destino es cálido podré lucirlo. Y con este superficial pensamiento vuelvo a mis quehaceres. Tengo la maleta a medio y no encuentro lo que me quiero poner, al final tengo que deshacerla casi por completo, vaya desastre. Elijo el conjunto de invierno más mono posible para que haya alguna diferencia con el resto de días que hemos pasado allí. Se nota poco la verdad.  Que llevo vaqueros en vez de ropa de deporte y entrenamiento es la sutil diferencia. Unas botas de montaña calentitas. Una camiseta muy bonita pero que bajo el jersey  la chaqueta y el abrigo no se ve, es decir, para el caso es lo mismo. Lo que sí que voy a hacer es maquillarme un poco. Espera. ¿Tengo maquillaje aquí?  Voy  a buscar.

Tras un ratito revolviendo de nuevo la maleta, el baño y los cajones encuentro mi pequeño neceser de “ponerme guapa”. Creo que esto sí va a sorprender a Uri. No me ve maquillada desde que fue a recogerme a la joyería. Espero estar guapa. Espero que la cena vaya bien.  Estoy nerviosa. Me hago pis todo el tiempo. Esto empieza mal. Vaya cruz la mía.

18: 55 del mismo domingo de mi demostración magistral de poderes Lunares.

Estoy mirándome al espejo y ensayando posibles conversaciones con Uri. El maquillaje me ha quedado mono. Sí, se que suena patético pero no puedo evitarlo. Me hace sentir más segura si llevo preparadas ciertas frases, sobre todo con él, al que tengo en un pedestal tal alto al que ni de puntillas llego. Y justo cuando estoy a punto de decir una frase interesante en mi conversación imaginaria con el Uri del espejo, llaman a mi puerta. Es él.

-Pasa – digo.

-Hola Luna- dice mientras camina hacia mí.

¿Por qué él no necesita tantas capas? Y va siempre tan conjuntadito.

-Hola Uri.

-Estas muy guapa Luna

-¿Yo? ¿Te has mirado tú?- digo nerviosa, por muchas frases que me prepare con él no van a funcionar nunca.

-Sí, unas cuantas veces antes de salir de mi habitación, estaba un poco nervioso.

¿Nervioso? ¿Por mí? Río a medio fuelle.

-¿Dónde vamos a ir?- pregunto cambiando el tercio e intentando recomponerme tras lo que he oído.

-Pues si tú no tienes objeción, he preparado una mesa en mi habitación, con un menú algo diferente de lo que nos suelen poner – y sonríe.

– No tengo objeción Uri. Vamos.

Cojo mi abrigo y cambiamos de cabaña. ¡Qué bien! Voy a poder lucir la camiseta. Dentro de las habitaciones el ambiente es cálido y acogedor, por lo que en breve empezaré a quitarme ropa. Quiero decir, el abrigo, la chaqueta.

Al entrar en su habitación noto el calorcito. Su habitación, además de la calefacción centralizada  tiene una chimenea que ha encendido lo que le da a la habitación un toque hogareño y familiar. La luz anaranjada del fuego ilumina la estancia y  combina con algunas velas estratégicas. La mesa está en el centro con un mantel rojo oscuro, y la vajilla y cubertería ya colocados, una pequeña vela plana en el centro hacen que la mesa tenga un aspecto más íntimo. Ha debido de encender incienso el aroma es afrutado mezclado con el matiz áspero de las baritas incinerándose.

Está todo precioso, además hay una botella de vino rosado junto a la mesa.

Yo no puedo evitar mira a mí alrededor y suspirar…

-Uri, esta todo precioso. Va a resultar que eres un romántico.

Uri mira al suelo avergonzado.

-Pedí a Petra que lo preparara.

 

Vaya.  Estaba claro que toda esta obra tenía un toque femenino. Demasiado bonito para ser verdad.

 

-Ejem. Bueno. Es un detalle de todas formas. Dale las gracias de mi parte – digo un poco resignada.

-No creo que eso sea buena idea Luna. No le dije con quien iba a estar.

-Me da la impresión de que esta no es una villa muy grande, me parece que se enteraran.

-Sí podemos evitarlo lo evitaremos. Y si se enteran al menos no será oficial.

-¿Oficial? –Digo algo molesta- ¿Evitarlo?

Todo esto empieza a ponerme de mala leche. Tanto elegir atuendo para que antes de empezar ya me este haciendo rabiar. Uri me mira suplicando que no empiece una discusión. Creo que tiene razón voy a contener mis objeciones a su comentario.

-Bueno, ¿qué hay de cenar?

-Pues he pedido que nos preparen stroganov de tofu en salsa de frutos rojos y guarnición de arroz  como plato fuerte y una sopita de remolacha con queso de cabra de primero, ¿te apetece?

-Mmmm. La verdad es que sí, suena muy bien. Buena elección señor.

-El vino es normal, un espumoso afrutado.

-De esos baratillos que se suben a la cabeza, ¿quiere usted emborracharme? ¿Y de postre?

-¡¡¡Chocolate!!! Coullant con chocolate caliente

-Eso es un acierto y lo demás son idioteces.

Ambos compartimos un segundo de complicidad  por amor al chocolate, y acabamos riendo.

Uri se acerca y me da un abrazo. Me acerca a su cuerpo  y aprieta con fuerza.

No sé distinguir si es un abrazo de amor o de estos que se dan entre los colegas, pero me siento tan cerca de él que lo disfruto como si ya me estuviera comiendo el coullant.

Muy despacito se despega de mí y como todo un caballero que es, me ofrece asiento. El ambiente y la temperatura con geniales, y me quito todas las capas que llevo dejando al descubierto mi camiseta festiva y diferente a toda la ropa de abrigo que tengo. ¿No os he dicho cómo es? Es una camiseta de manga corta, de cuello amplio por lo que me cae de un hombro que ahora mismo estoy exhibiendo, no es demasiado ajustada pero me da un estilo informal, es gris azulada a juego con mis ojos y lleva una frase en la espalda que dice: “Contigo a la Luna ida y vuelta”, muy apropiado para el caso.

Uri, que es muy observador, lo advierte y me vuelve a repetir lo guapa que voy y lo bien que me queda esa camiseta, yo solo soy capaz de poner una mueca estúpida. Mi copa de vino está vacía y Uri también lo advierte, por lo que se dispone a servirlo. Mientras tanto Evelyn trae unos canapés de salmón noruego mientras llega la sopa de remolacha.

El vino está delicioso, los canapés riquísimos, Uri me sonríe y nos embarcamos en conversaciones que no deberíamos. Uri me pregunta, yo contesto. La verdad es que podría probar a preguntar más yo. Él se está haciendo el despistado pero así se está enterando de detalles que sobria no le habría dado.

 

-¿Qué pensaste cuando me viste aparecer aquella noche en el trabajo?- pregunta para empezar.

-Realmente me fastidió que entrara alguien cuando pensaba cerrar.

-No podía entrar a otra hora, te estaban esperando ahí fuera.

-Ya, ya pero eso molesta, de todas formas la impresión que tuve era de que estabas como un cencerro. A punto estuve de tocar el botón del pánico cuando me dijiste que tenía que ir contigo, que esos tipos me perseguían.

-¿En serio?- pregunta sorprendido.

-No- y me río sonrojada por las burbujas.- el botón del pánico no, pero que estabas como una chota sí.

Uri también se está divirtiendo, creo que a él le afecta menos el vino, en realidad me es indiferente, me siento segura a su lado, pone su mano sobre la mía. En condiciones normales eso me habría hecho saltar de los nervios, pero el vino me relaja.

-Entonces ya me conocías, ¿qué más sabías sobre mí a parte de pensar que era un prepotente niño rico? – más información, el niño quiere más detalles.

-Y lo sigo pensando ¿eh? –rio a carcajadas, a Uri no le ha hecho tanta gracia pero me acompaña en las risas.- Algo más sabía. Siempre me interesé por ti. Desde que nos presentaron siendo niños…Por alguna razón, siempre sentí cierta atracción.

Pero ¿qué acabas de decir Luna? Guárdate algo para luego ¿no?

Uri se sonroja un poco y baja la mirada.

-Atracción. Magnetismo. ¿No?

-Emmm. Sí. Supongo que sí Uri. Eres guapetón, siempre has tenido admiradoras.

Retiro la mano de debajo de la suya.

-Ninguna que me interesara realmente – ¡¡ohhhh!! pobre niño rico…

-Eso no dice mucho a tu favor. Para ser un caballero…

-Es complicado. Todo es demasiado complicado.

-Eso también tienes que explicármelo. Cenando juntos ¿estamos incumpliendo alguna ley astral, metafísica  de nuestros ancestros planetarios? – digo rimbombante.

Se ríe… parece que he dado en el clavo.

-Uri, me quieres decir si yo soy Luna… ¿Tú quien eres?

-Prueba la sopa de remolacha Luna, esta calentita y deliciosa.

-Uri…

-No puedo contártelo ahora Luna. En serio prueba la sopa es la especialidad de Petra.

Sin dejar de mirarle desafiante pruebo la puñetera sopa. Sí, realmente buena. Pero háblame, dame respuestas por favor. ¿Crees que Petra no va a enterarse que la cena era conmigo? ¿Qué Evelyn no va a abrir la boca? ¿Por qué ellas pueden saber cosas y yo no?

-Yo, yo también te sentía muy cerca. Las veces que hemos cruzado las miradas en los años que no hemos tenido relación, pero que sabíamos de nuestra existencia. Te he pensado en muchas ocasiones. Me han hablado mucho de ti Luna. Ten en cuenta que yo si sabía todas las historias que te están contando ahora a ti. Algunas veces hasta tenía que vigilarte. O investigar acerca de tu vida. Y… me gustaba lo que descubría.

Yo me quedo con la boca abierta. No puede ser. No es posible. Uri pensaba en mí. Todo este tiempo. Como yo he estado pensando en él. Yo también representaba algo especial para él. Mientras crecíamos alejados. Me siento tan completa después de saber eso. Ahora entiendo la cantidad de sensaciones. Los sentimientos que en mi se desencadenaban sin ningún sentido y sin ningún control.

-Uri yo siempre he dicho que tú eras mi amor imposible. Esa persona que yo compuse de retazos que me iban llegando de tu persona. De un sitio y de otro, de las pocas imágenes que he acumulado de ti. De las veces que me quede sin respiración por cruzarme contigo y querer decir algo que nuca salió.

-Lo sé Luna.

-Pero cómo vas a saberlo. Solo se lo conté a Lauri.

-¿No te he dicho que tú y yo estamos conectados de alguna forma? ¿Sé lo que puedes sentir, y también sé lo que podemos llegar a sentir pequeña. Por eso es tan complicado, por eso es mejor que no lleguemos más allá Luna. Es difícil. Sin siquiera conocernos ya lo sentíamos. Esto cada vez va a más y…

-¿Y que?  yo quiero que vaya a más.

-Lo que tú y yo queramos en esta situación, cariño, va a dar igual.

 

Evelyn trae el stroganov de tofu… realmente tiene una pinta muy apetitosa, parece carne de verdad aderezada con la salsa de los frutos del bosque y arroz integral basmati de guarnición con un chorrito de limón.

 

Aunque nada puede distraerme ahora que sé que Uri ha sentido tanto por mí.

-Luna, disfruta de esta noche, por favor, no sé si voy a poder ofrecerte otra.

-¿Cómo me dices esas cosas? No puedes pedirme eso. Ni mostrarme que podemos sentir todo esto para luego quitármelo. Eres muy injusto. Quizás tú hayas tenido toda una vida para asimilarlo, pero a mí me lo estás exponiendo en una noche. ¿Cómo voy a entenderlo?

-Lo siento Luna, mi intención no era…

Siento una gran pena, ni la expectativa de un postre suculento me quitan el sentimiento de desasosiego. Bajo la mirada intentando ocultar que mis ojos se están inundando. Esto no puede estar pasándome. Uri vuelve a coger mi mano y levanta mi barbilla con la que le queda. Yo vuelvo la cabeza ocultando mis lágrimas. Tarde. Ya las ha visto.

-Esas lágrimas mi cielo… No las merezco.

Vuelve a intentar levantarme la barbilla, esta vez me dejo guiar, tengo los ojos cerrados intentando evitar que vea mi llanto. Todo es oscuridad, cálida oscuridad, siento su mano, su respiración, su pelo que está tocando mi frente. Debo de tenerle muy cerca. Levanta la mano que tiene cogida y la coloca sobre su mejilla. Efectivamente estamos a centímetros. Me recorren mil rampazos eléctricos, estoy sintiendo su aliento. Caliente cerca de mi boca. Mi corazón se para.

-Luna… – susurra con dulzura.

Siento sus labios sobre los míos y mi pecho vuelve a responder desbocado. El beso es correspondido con ternura, nada que ver con los latidos, nada que ver con el cúmulo de sensaciones experimentadas. Con la tormenta que se ha desatado dentro de mí. Nos besamos como si tuviéramos toda la eternidad para hacerlo como si esa noche no fuese a ser la única en que lo haremos. Como si nuestro único destino fuera humedecer la boca del otro, jugar con sus labios y acariciarnos el rostro, sonreír en mitad de los besos y besarnos entre sonrisas.

Disfrutar de esta cena… Eso voy a hacer. Disfrutar de su aliento mientras pueda. Beberme sus ganas, memorizar todas sus facciones con los ojos cerrados. Mirar dentro de sus ojos, de su alma y perderme en ese mar donde nadie me encuentre. Me quiero quedar a vivir allí. No quiero salir.

No.

Por favor. No.

Ahora no. Ese vértigo. Mis pies no tocan el suelo.  Me mareo. Me estoy yendo. Lejos. Todo es blanco. Blanco. No. Déjame quedarme. Blanco. Me fui.Lejos. ¿Donde estoy? …

 

Recupero sus labios. Vuelvo al paraíso. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Parece que no he dejado de besarle en todo este tiempo. No se ha percatado de mi ausencia, de mi viaje, de mi descubrimiento. Pero yo sí. Quiero seguir allí. Con él. No quiero recordar lo que he visto. Quiero aprovechar esta noche, sentir su boca y su cuerpo. No voy a echarla a perder. Cierro los ojos y una lágrima resbala por mi mejilla y acaba en la palma de su mano. Me separa un poco para mirarme a la cara.

-Luna… ¿estás bien?

-Claro Uri. No dejes de besarme-digo entrecortadamente.

El stroganov se enfría. Mañana se lo comerán los perros. El coullant nos lo comemos en la cama mientras reímos y bromeamos. Definitivamente ahí es donde quiero estar. En esa cama, con esa persona y comiendo chocolate mientras nos acariciamos. Y definitivamente ahí es donde no voy a poder continuar. Abrazada a  Uri que duerme con una sonrisa entrañable en sus labios. Le miro. Perfilo su cara con mis dedos, una y otra vez. Quiero grabarla, así, en ese estado. Me acurruco en el hueco que ha dejado para mí. Cierro los ojos y me duermo mientras nuestras respiraciones se acompasan lentamente, mientras suenan los repiqueos de los leños, aún huele a chocolate caliente y Liem me llama desde algún lugar.

Después de la hora que me he concedido de normalidad, me levanto sigilosamente de la cama, observo unos segundos a Uri, trago saliva  y salgo de esa habitación donde he sido completamente feliz. Dejando atrás mi vida. Otra vez.

En el patio están Liem y los demás lobos, son las 3 de la madrugada, nadie merodea por allí, entro en mi habitación, termino mi maleta y todo lo que necesito. Me siento un segundo en la cama, al lado de mi maleta que miro de reojo. El nudo de mi estómago se hace cada vez más insoportable. Sollozo en silencio, ya no puedo más.

¿Qué vas a hacer Uri?

 

“I’m a big big girl

In a big big world

Is not  a big big thing…”

Big girl. Emilia

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4 pensamientos en “Banda Sonora de Luna. Capítulo VII.”

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