Banda Sonora de Luna. Capítulo V.

 

Sin Sol, pero con Luna.

Cuando abro los ojos, Roni está con la cabeza colgando de la cama  y el resto del cuerpo contorsionado sobre las sabanas y medio tapado. Es una posición imposible para cualquiera e increíblemente cómica para mi Ron, sonrío al verle medio roncando, me intento incorporar pero algo me lo impide, Lauri está totalmente pegada a mí con brazos y piernas abrazándome cual mono recién nacido a su madre. Puedo mover un poco la cabeza sin despertarla y aprecio el charco de babas  que ha dejado en la sabana que me cubre. Ella también ronca. O como ella lo define, tiene una respiración fuerte cuando duerme. Sonrío otra vez. Ese par de personajes han sido mi alegría estos últimos años. Mi sonrisa se vuelve amarga. No sé cuando los volveré a ver. Mañana amaneceré en otro país. Lejos.

Adiós familia. Tengo que controlar esto de ponerme a llorar por todo. Los ojos están empezando a escocer en señal de que se avecina tormenta. Suspiro y acaricio un trocito de barriguita de Roni.

Lauri abre un ojo. Uno solo. Mientras guiña el resto de la cara. La habitación tiene un sistema tradicional de cortinas opacas para que puedas seguir durmiendo todo el día si te apetece. Pero a mí me gusta despertarme con la luz del sol y están arrinconadas a un lado de la ventana. Creo que Lauri está acordándose de los margaritas que tomo anoche y de mi santa madre, por haber descorrido las cortinas opacas.

-¡¡¡Buenos días princesa!!!- digo intentando disimular mi congoja y tratando de que ser simpática en su mañana de resaca.

Me mira y sonríe. Aún sin terminar de abrir los ojos se me tira encima y me abraza.

-¿Cómo van a ser buenos si te vas…? y además me va a reventar la cabeza. ¿Por qué no cierras las cortinas? – medio le entiendo con esa voz de camionero que tiene al despertar.

Ron despierta al notar movimiento. Lentamente incorpora la cabeza desde donde estaba colgada y al notar la inestabilidad de su posicionamiento, se asusta, intenta compensar, se revuelve, pero no le da tiempo a reaccionar y se cae al suelo.

-¡¡¡Roni, Roni, Roni, Roni!!! –Gritamos Lauri y yo- ¡¡Aaaiiiii!!

-¡¡¡Cariño!!! –digo.

Ambas nos asomamos al borde de la cama para verlo. De un salto se levanta moviendo la cola como si fuera las hélices de un helicóptero y nos alcanza a las dos con un lametazo perruno y además, mañanero.

-¡¡Puag!! -dice Lauri

Entonces nos reímos juntas hasta que nos duele la barriga. No podemos parar. Un ataque de risa de los nuestros es como una reacción en cascada inatajable. Hasta que no tenemos entumecida toda la mandíbula no podemos darlo por terminado. Ron, al principio, nos observa sentado interesado y torciendo la cabeza de vez en cuando, pero se cansa de vernos y se tumba en el suelo a intentar seguir durmiendo.

Llaman a la puerta.

-¿Sí? ¡Adelante! – decimos a la vez.

Suena tan señorial que empezamos a reír otra vez. Matías entra con un carrito lleno de manjares para desayuno, café, zumos, leche y frutas. Yo me levanto rápidamente doy un abrazo a Matías y empiezo a devorar todo lo que hay en el carrito.

Lauri desde la cama aún me mira como aterrorizada. Ella debe de tener el estomago revuelto. Roni se une a mi particular festín pidiendo por favor que comparta. Matías observa divirtiéndose, parece que en esa casa no suelen disfrutar tanto como yo de que les preparen el desayuno.

-Muchas gracias Mati- digo con la boca llena de galletas de mantequilla- está todo delicioso- y se me escapa un trozo de galleta que llega hasta su impecable camisa.

-¡Ups! Perdón, perdón….

Matías ríe.

-No se preocupe señorita Luna. Tengo 20 más.

Intento sonreírle sin enseñarle la boca llena de comida que llevo.

Y Matías ríe aún más. La verdad es que debo de ser un show, no sé porque tengo tanta hambre esta mañana.

-En cuanto esté lista, a la familia Marté les gustaría encontrarse con usted en el salón Venus, creo que quieren despedirse formalmente.

-Ni que fuera la reina Mati. Que gente. Buff.

-Sí, ellos son así, pero lo hacen con buena intención señorita. ¿Lo tiene todo preparado para el viaje? Finalmente os recogerán desde la mansión. No tendrá que desplazarse al aeropuerto.

-Increíble -suelta Lauri-¿¿No va a poder salir ni medio minuto a ver la ciudad por última vez??

-Creo que Barcelona la tiene ya muy vista, pero podría sugerirlo. El plan de vuelo para ustedes es todo lo flexible que necesiten.

-¿Ah sí? Pues creo que voy a pedirle una cosa a Uri. ¿¿Cree usted que podría pasar por el orfanato donde crecí?? Me gustaría despedirme de algunas hermanas a las que aprecio mucho.

A Matías se le ilumina la cara. Él intenta disimularlo, pero yo lo he notado. Le ha agradado la idea casi más que a mí.

-Puede preguntarlo. No debería haber ningún problema, siempre que vayan con protección. De hecho a mi… – se lo piensa un poco-  si fueran… a mi… me gustaría acompañarles.

-¡¡¡Hecho!!!- digo emocionada- ¡¡Vamos de excursión Mati!! ¿Dónde está Uri? –pregunto mientras le doy un último trago a un zumo de naranjas dulces exquisito.

-Me parece que desayunando en su habitación…

-¡¡¡Pues vamos!!!- digo mientras lo arrastro del brazo y salgo descalza y en pijama por los pasillos de la gran mansión Marté. Y dejo a Lauri intentando comerse un croissant y a Roni pidiéndole un trocito.

Por las mañanas hay hasta eco en esta casa. Da un poco de miedo escucharme resonar.

-¡¡Uri!!- levanto un poco la voz. Para que se oiga.

Abro la puerta de la habitación de Uri y entro como un torbellino. Él sí ha echado las cortinas opacas. Me acerco a oscuras a la ventana diciendo su nombre.

-Uri, ¿estás durmiendo? Venga, que tenéis que hacerme esa despedida real… – digo mientras descorro las cortinas y entra la luz de las 8 de la mañana por la ventana gigante e ilumina a Uri y toda la habitación. Mati espera prudentemente en la puerta sin decir nada.

Uri se tapa la cabeza con el edredón.

-Estaba durmiendo Luna. Estaba. – gruñe.

-Tengo algo que proponerte- Suelto directamente.

Uri empieza a destaparse la cabeza lentamente hasta la nariz. Parece que le molesta la luz tanto como a Lauri. Deja el edredón a la mitad de su cara y frunce el ceño.

-¿Una proposición?

-Si – y pongo cara de interesante.

Uri detecta enseguida que no tengo nada demasiado interesante que decirle, al menos que yo sepa, y vuelve a taparse la cabeza.

-No te vas a ir hasta que no me lo digas ¿verdad? – parece que se le ha pasado la fase de conquistador que anoche tuve que “sufrir”.

-Efectivamente- asiento.

-Pues suéltalo.

-Quiero pasar por el orfanato  antes de irnos. Y Mati nos va a acompañar.

Uri se incorpora de repente. Y queda destapado hasta la cintura. Va sin camiseta. Verle así me pone nerviosa. Es perfecto. Que injusto. Buff.

-¿Donde Sor Montse?

-Siiii, ¿la conocías?

Uri mira a Mati, Matías aparta la mirada algo incómodo. Yo miro a los dos. Sacudo la cabeza y pregunto.

-¿Qué pasa?

-Nada Luna, claro, no hay problema, pasaremos  a saludar antes de irnos. Sor Montse nos ayudó con la adopción de Marcia. Por eso la conozco – se excusa de forma muy forzada.

-Sé que fue a través de mis criadoras, pero no sabía que había sido ella. ¡¡¡Siempre estaba metida en todo!!! – comento inocentemente, intentando quitar hierro al asunto.

-Si, en todo.

Noto cierta tensión. Matias interviene.

-Creo que si vamos a hacer visitas, deberían ir preparándose ¿no?

-Sí, voy a la ducha – dice Uri, dando por terminada la conversación de Sor Montse.

-Si yo también – digo –  y tengo que despedirme de tu familia en el salón Venus. No sé que tienen preparado ¿Tu sabes algo?

-Una ceremonia de iniciación a una secta interplanetaria… -dice Uri serio.

-¿¿¿Cómo???

Matías sonríe.

-Creo que Uri le está tomando el pelo, vaya a arreglarse.

Uri se levanta y se dirige a su cuarto de baño. Lleva unos pantalones de pijama anchos. Solo eso, el pelo alborotado y cara de sueño y resaca. Pero ¿cómo puede estar guapo e irresistible en esas condiciones?

Me miro a un espejo que hay enfrente de su cama. No. Yo desde luego no tengo esa pinta tan arrebatadora. Mis pelos están alborotados, pero no en un caos sexy. Estoy blanca como el papel, llevo legañas. Mis pantalones de pijama me están grandes y la camiseta parece un saco. Definitivamente no es un buen atuendo para conquistar. En fin. Voy a ver si arreglo esto. Me despido de Mati que va en dirección opuesta a mi habitación y camino pensando en qué habría pasado en el orfanato de Santa Mónica que había creado tanto revuelo.

Cuando llego a la habitación, está vacía pero oigo la ducha, me asomo al baño y veo a Lauri. Y a Roni durmiendo al lado del lavabo. Cuidándola. Salgo y Roni que ha despertado me sigue desperezándose.

-¡Ya estoy aquí Lauri! – le grito.

-¡Ok! ¿¿¿Al final vamos a ver a las monjas???- grita desde la ducha.

– ¡Sí! – contesto levantando la voz.

-¡¡Bieeeen!!!

-¿Estas mejor de la cabeza? –pregunto.

-La ducha me está sentando bien.

Preparo mis cosas en una maleta de mano que me han dado, tiene un estampado con un paisaje del mar donde se ve la Luna llena, es preciosa, de pasta dura y con ruedecitas súper silenciosas. Meto un par de vaqueros, un par de mayas, camisetas básicas, jerséis, un abrigo y una bufanda para cuando lleguemos. Allí me comprarán más ropa según dice Uri.

Al ratito, Lauri, Roni y yo estamos listos, saco la maleta  y la dejo en la puerta de la habitación porque no sé exactamente hacia donde tengo que dirigirme. Como si nos hubiese olido Mati aparece por arte de magia por el pasillo dispuesto a guiarnos hasta el salón Venus.

– ¿Todo listo señoritas?

-Si señor- contesta Lauri.

Caminamos por los pasillos, anchos y largos como si de un hotel de cinco estrellas se tratara. En estos días he ido básicamente de mi habitación a la cocina, a la habitación de Lauri y Uri, a un par de salones y a un comedor más íntimo que tienen para una comida en la que estaban todos. Además de los jardines con Ron. Ese tal “Salón Venus” debe de ser la séptima maravilla.

Mati nos guía por unas zonas que yo no conozco de la casa, unos pasillos algo más estrechos pero sobrecogedores igualmente. Me da la sensación de que estamos cruzando la casa entera. Y es grande para tirar millas. Atravesamos una especie de salón de actos en el que bien podría representarse “Titanic, el musical”. Con lámparas de araña y paredes con papel pintado clásico en granates y dorados. Mesas, sillas y sillones a juego con ese estilo recargado, pero con mucho encanto. Estoy con la boca abierta ante tal espectáculo, nuestros pasos resuenan, y las pezuñas de Roni también. Tras atravesar esa sala, llegamos a un pasillo corriente. Esto sí que no me lo esperaba. Parece que da a diversas habitaciones. Debe de ser la zona donde vive el servicio. Al final del pasillo que no es demasiado largo entramos a una habitación. Una de unas dimensiones razonables para un comedor de una casa normal, pero diminutas para este casón.

Un salón pequeño eso sí, pero que conserva el espíritu de la casa. Techo aunque algo más bajo, bastante más alto de lo que sería en una casa normal. Paredes con cenefas y molduras, algunas paredes de papel pintado. Unos sillones de terciopelo estampados de azul y grana, un sofá a juego, una mesita de madera oscura en el centro, un aparador en una de las paredes y lo que parece que da nombre al salón y más llamaba la atención de la sala era una enorme lámpara  redonda que caía justo encima de la mesita lo justo para que nadie se diera en la cabeza. Pero muy baja si tenemos en cuenta la altura del techo. Esta esfera representaría a Venus, digo yo.

 

Están toda la familia. Todos al completo. Paula, Marco, Joss, Marcia, Bibian, Uri, Lauri, Ron, Mati y yo. Una reunión en toda regla. Joss me obsequia con una de sus miradas de superioridad, pero no le doy la más mínima importancia. Creo que eso le sienta peor. Marcia y Marco me sonríen. Yo les devuelvo el gesto. Lauri está un poco flipada. Es verdad que le van a hacer una despedida tipo protocolario a su amiga Luna. Pero sonríe también. Roni ha percibido lo serio del evento y se ha sentado formalmente, incluso pone cara de interesante y mira a Joss de reojo.

Entonces Paula empieza a hablar.

-Bueno Luna. Espero que esto no te parezca demasiado, pero en mi casa me gusta que los invitados se sientan tan importantes como son. Tú has venido por casualidad pero te has hecho con un hueco en nuestros corazones, igual que Lauri, y por supuesto Ron, que ya forma parte de nuestra familia. Sólo queremos desearos la mayor suerte del mundo a las dos y a ti en particular Luna que aproveches al máximo esta oportunidad que se te ofrece. Queremos que sepas que siempre vamos a estar para lo que necesites. Y queremos haceros llegar nuestro más sincero pesar por lo sucedido aquella noche. No sé cómo podríamos compensaros por el trago que pasasteis. Los míos están para serviros, sois una pequeña gran  familia que ha llegado a enamorarnos.

Luna mira a Uri. Sus miradas se cruzan un instante, uno que parece una chispa a punto de entrar en llamas. Inflamable. ¿Cómo voy yo a protegerte, si me desarmas? Piensa Luna.

Acto seguido todos y cada uno de los miembros de la familia pasan como en fila a saludar a Lauri y a mí. Paula primero, después Marco, Bibian, Uri, Marcia y Joss, que al darme la mano y acerarse para darme un beso empieza a hacer que me tiemblen las piernas.

No Luna, no, te has equivocado de hermano, es Uri el que te gusta. Joss es un idiota. No, no es eso. Está viniendo. Está llegando otra vez. Esos mareos. Esas visiones. El corazón se acelera. Noto que se me sale del pecho. Se me nubla la vista. Tranquilidad Luna. Has aprendido a controlarlos. Recuerda las clases de yoga. Respira.

Joss se está dando cuenta de mi estado, y se acerca más, Uri lo nota y le pone mala cara, pero Joss me aprieta la mano más fuerte y mi corazón estalla. Mi mundo se vuelve blanco y yo debo de caer redonda al suelo.

Un torbellino, muchas vueltas, aire, viento mas bien, hojas, es ¿otoño? Me miro, estoy desnuda, pero no siento pudor, lo único que me viste es un colgante azulado, que además está muy caliente. Hay otros ojos que me miran, están frente a mí, uno de ellos es un lobo negro, sus ojos son amarillos, es descomunal y se acera a mí enseñándome los dientes, amenazador. Yo me incorporo y me doy cuenta de que soy tan grande como él y le rujo con una autoridad que hace que tiemble todo a mí alrededor, otra vez.

Cuando recupero el conocimiento estoy sudando. Acostada en uno de los sofás. Y toda la familia está mirándome, Los únicos ojos de preocupación sincera son los de Lauri y Ron que ladra al ver que me despierto. Los demás son de curiosidad, incluso los de Uri, que mezclan culpabilidad y ganas de saber.

-¡¡Luna!!- grita Lauri,- ¿Qué ha pasado? ¿¿Estás bien??

-Eh… sí… creo… me he mareado- No tengo intención de contarles nada.

-¿Solo un mareo pequeña Luna? – pregunta Joss.

– Solo un mareo gran Joss – termino.

Una vez recuperada del percance, despedida de todos y sin que nadie ose preguntarme nada más después de mi respuesta a Joss. Lauri, Ron, Mati, Uri y yo nos encaminamos hacia el Orfanato de Santa Mónica. El lugar donde crecí, criada por unas señoras con creencias un tanto excéntricas para mi gusto, pero muy cariñosas y amables. Sor Montse me está esperando. Le habrán avisado. Aunque realmente no sé si me espera a mí o a Matías. Porque las miradas que se dedican son de libro de poemas de amor.

-¡Qué bonita sorpresa Luna! ¡Hace tanto que no te veo!

Sor Montse se acerca emocionada al verme, directa a achucharme, está muy contenta, su alegría es sincera.

-Ya casi no pasas a vernos – dice compartiendo una mirada con Sor Pepita que también ha venido a recibirnos.

-Hola Lauri – dicen intercambiando el abrazo de ella y mío.

Uri y Mati se mantienen un poco al margen, pero enseguida la hermana Montse se acerca y da un caluroso abrazo a Matías. Y saluda algo más fríamente a Uri.

Roni revolotea.

-Me han contado que has recibido una beca de estudios en Noruega- dice Sor pepita mientras me coge de la mano y la acaricia como solía hacer cuando era pequeñita. Sor Montse me mira.

-Sí – contesto algo violenta- es una gran oportunidad.

-Pero ¿qué idioma hablan allí? ¿Lo conoces?- pregunta Pepita con su inocente curiosidad.

-En esa escuela se imparten las clases en inglés – interviene Uri.

-Y ¿hablas inglés Luna? – Esta hermana está en todo, me río por dentro porque hace las preguntas adecuadas, siempre.

-Dará clases para mejorarlo – sigue intentando salvar la situación Uri.

Yo solo asiento y sonrío a lo que ambos dicen. Esto es casi tan divertido como lanzar piedras imaginarias a Roni.

Sor Montse parece que también nota lo forzado de la situación e intenta ahogar una carcajada. Urí la mira algo incómodo.

Es muy triste, pero tengo un nivel de inglés muy poco por encima de lo básico. Es algo que tengo en asuntos pendientes. Al menos viajar con Uri me servirá para mejorar ese aspecto, aprender idiomas y ver mundo.

La hermana Montse se acerca para abrazarme otra vez y localiza el colgante que me regaló Mati.

-Qué bonito -dice cuando nadie nos escucha- consérvalo Luna, seguro que te trae suerte – y vuelve a esconderlo bajo mi camiseta.

Esta parte mística de Sor Montse, siempre me gustó, es una religiosa muy contradictoria, que conoce y cree en más cosas que en una Biblia.

Recuerdo aquella vez, la primera que tuve una crisis parecida a la de esta mañana con Joss. Estaba en su clase cuando tras un mareo descomunal perdí el conocimiento y me encontré observando desde lejos como un avión se estrellaba en la montaña, como sus pasajeros perdían la vida. La compañía aérea y la zona exactas de un accidente.

A las pocas horas las noticias anunciaban ese accidente, ese avión, esa montaña, esa compañía, esas muertes. Yo tenía 8 años y la crisis tras ver esa noticia fue mucho peor que la crisis de la visión unas horas antes. Me encerré en mi habitación y no quise salir durante varios días. Solo Sor Montse venía a verme y a hablarme de la vida y las responsabilidades. Fue ella la que me introdujo en el mundo de la meditación, con 8 añitos, para evitar que tuviera esas crisis otra vez, para atajarlas antes de que llegaran. Yoga, relajación, respiración. Si notaba que me aceleraba o mareaba ponía en práctica esas técnicas. Fue una manera de seguir adelante sin pesadillas, ni culpabilidad.

 

Vamos dirección a la salida del orfanato atravesando la zona donde se dan las clases y al pasar por la puerta de la clase donde tuve esa primera visión empiezo a sentirme mal, empiezo a marearme otra vez. Los ojos se me empiezan a nublar. Voy cogida de la mano de sor Montse. Sor Pepita Uri y Lauri van delante. Mati y Ron inmediatamente después. Y Sor Montse y yo cerramos el desfile. La hermana Montse me mira preocupada… Mati se gira y observa cómo mi cabeza empieza a dar vueltas. Me paro para agarrarme a una vitrina llena de crucifijos y vírgenes. Es posible que la tire y haga mucho ruido. Sor Montse, me agarra. Me coge la cabeza y me hace mirarla a los ojos mientras aún sigo allí. Mientras aún no he volado hacia quien sabe dónde. Sus ojos me atrapan, no había advertido que fueran tan hermosos, son verde oliva rodeados por unas arrugas que casi los decoran y sus pestañas sin maquillar son kilométricas, están muy abiertos, lo que acentúa su forma redondeada y algo saltona.

Serem tiakzen nurbilio – me susurra. Matías abre los ojos desorbitadamente al escucharla.

Yo empiezo a volver en mí. A encontrarme allí. El suelo deja de moverse y las paredes ya no se mueven de un lado a otro. Ha pasado.

-No sé qué has hecho. Pero gracias – digo al recupérame.

Me mira con ternura. Y me acaricia la mejilla. Matías no dice nada pero se une a nosotras. Ambos intentan disimular. Hacen como que no ha pasado nada. Yo también prefiero no dar explicaciones. Pero esta actitud me desconcierta realmente. Lauri se da la vuelta y nos mira. Yo le sonrío. Roni,por su parte, posiblemente el único perro autorizado a pasear a sus anchas por allí investiga todas las salas. Abre con el morro todas las que no están cerradas del todo, saluda a quien haya dentro y sigue con su ruta. Yo le miro con ternura. Él trota moviendo el rabito rítmicamente.

Tras una emotiva despedida donde las monjas volvemos en el BMW X5 de Uri, Roni lo ha llenado todo de pelos. Eso casi me hace gracia. Cruzamos la ciudad, tengo la cabeza apoyada en el cristal mientras observo las calles, los parques, los rincones donde he vivido. La mansión Marté está en la zona de Les Cortés. Y el orfanato de Santa Mónica  en la del Eixample vamos por la Avenida Diagonal directos y  aunque es una principal, desde ella puedo ubicar tantos recuerdos…

Cuando llegamos  a la mansión, donde Lauri ha sido invitada a quedarse hasta que encuentre piso y donde Roni, a no ser que Lauri se lo quiera llevar será el marajá. Todo el equipaje está cargado el avión que está en una zona del jardín diseñada como pista de aterrizaje.

El proceso de despedida se repite. Están casi todos, menos Joss y Marco. Todo sucede muy rápido entonces. Bajo del coche, caminamos hasta la mansión, en la cocina tomamos un refrigerio rápido, me despido otra vez de mi familia, intercambio unas frases con todos los que allí están. Me acongojo, lloro. Lauri llora. Uri llora (impresionante), Marcia está a punto. Nos desplazamos hacia el avión. Últimos abrazos. Matías me mira con cariño. Me abraza y me susurra al oído.

-No tengas miedo. Todo va a ir bien. No pierdas mi regalo. Estaremos en contacto.

De alguna manera eso me tranquiliza. Miro a Uri que parece no haberse dado cuenta del detalle. Roni quiere subirse conmigo al avión, ladra y lloriquea. Eso me parte el corazón. Lauri intenta contenerlo, ella también está muy triste aunque no quiere que la vea llorar más.

Monto en el avión. Cierran puertas y Uri me presenta al piloto que nos llevará a Friolandia. Intento ser educada o mostrar algo de entusiasmo pero no lo consigo.

Me siento en uno de los sillones del jet. Uno que da a la ventana desde donde veo como los que me despedían se alejan de la zona para su seguridad. Tomo aire. No quiero llorar otra vez. Sigo mirándoles pero ya no veo. Estoy ausente. Uri se sienta a mi lado. Muy cerca. Me abraza y me besa la cabeza. Un escalofrío recorre mi cuerpo que me devuelve a la realidad. Giro la cabeza y juntamos las frentes. Estamos muy cerca. Pero yo estoy muy triste. Él puede sentirlo.

-Voy a cuidar de ti Luna. Ellos estarán bien. Volverás a verlos. Esto es necesario.

Siento su aliento y cierro los ojos rindiéndome a mi tristeza. Una lágrima resbala por mi mejilla.  Uri me besa en la frente y me abraza.

-Gracias Uri – casi suspiro…Pero me han pedido que yo sea la que cuide de ti, y no tengo ni idea de cómo voy a hacer eso.

Si no hubiese sido él no habría aceptado de ninguna manera. Él va a estar conmigo. Eso es un punto a favor. Pero todo lo que le rodea me inquieta. Es una mezcla de sensaciones difícil de asimilar. Ahora solo le tengo a él. Eso tampoco es bueno. Aferrarme a una sola cosa. Depender de él y su familia. Los planetas y las personas con poderes. Unos tipos que quieren mis ojos. Matías y sus misterios. Sor Montse. Joss. Mi visión de esa mañana. Mi colgante. El colgante del lobo. Ese lobo negro. Y Uri y yo sobrevolando Francia rumbo a Noruega.

Sobredosis de acontecimientos, sobredosis de datos, demasiadas cosas, demasiadas sensaciones, demasiadas despedidas.

“Una mente como la tuya debería de ser capaz de procesar eso y mucho más”

Resuena en mi cabeza. La voz de Marco penetra en mi interior. Retumba. Vibra. Presiona. De repente siento calor en mi pecho. Calor localizado justo donde mi colgante toca mi piel. Abro los ojos. Pero no veo nada. ¿Estaré dormida?

-Luna… ¿estás bien? ¿Qué te pasa?– escucho a Uri, pero le oigo tan lejos.

Vuelvo en mí. Han sido solo unos segundos. Recupero la visión todo se hace nítido. Más nítido diría yo.

-Luna, dime algo – insiste Uri nervioso.

-Sí, estoy bien- miento- ha sido solo un pequeño desfallecimiento, hoy ha sido un día de emociones Uri- él me besa de nuevo en la frente.

 

Después de unas horas en el avión aterrizamos directamente en Moldé, sin escalas como había dicho Paula. Es un aeropuerto increíblemente pequeño y rural, además de cubierto de nieve. Con un encanto especial y navideño. Dentro del avión la temperatura es perfecta pero parece que si no me abrigo cuando salga será como entrar en contacto con nitrógeno líquido, por lo que decido sacar toda la ropa de abrigo de la maletita que tengo a bordo y empiezo a ponerme capas. Un jersey con renos bordados, guantes, bufanda, gorro con orejeras y un abrigo largo que habrá preparado Paula. Una vez embutida, intento caminar hacia Uri. Que al verme envuelta en tanta ropa sonríe a medias intentando evitar una risotada. Que mono. El solo lleva una cazadora de esquí súper moderna negra y una bufanda.

Bajamos del jet, sin nada de equipaje solo la documentación. Alguien se encargará de llevarla a donde quiera que vayamos. Creo. Un Sabb nos recoge a pocos metros del avión. Entramos en el coche. Yo me quito el gorro. En el interior del coche la calefacción está a doscientos mil. Y hace demasiado calor.

-Buenas Tardes Sr. Marté – Dice el conductor con un acento muy frio. ¿Cómo ha ido el viaje?

-Buenas tardes Zoyn, el viaje muy tranquilo. ¿Cuánto tardaremos en llegar a nuestra villa? ¿Estará Lenny?

-Veinticinco minutos señor. En breve estarán allí. Creo que Lenny llegará mañana para el entrenamiento.

-Gracias Zoyn.

Yo observo la conversación un tanto atónita.

-¿Os conocíais?

-Es obvio que sí Luna – me contesta con prepotencia.

-¿Quién es Lenny?

-Lenny es uno de nuestros maestros. Será el tuyo también.

¿Maestro? Suena tan a secta que me dan ganas de tirarme del coche en marcha. Con toda la ropa que llevo seguro que ni noto el impacto. Además, de repente Uri se ha vuelto muy frio, parece que no quiere que nadie piense que le caigo bien. Una increíble desilusión me llena de repente. Si esto va a ser así. Creo que no quiero quedarme. Estar cerca de él es la principal razón por la que estoy aquí. Si va a ser un estúpido conmigo me parece que paso.

-Entonces mañana entreno…

-Así es- contesta sin ni siquiera mirarme.

 

5:30 a.m. del día siguiente.

Uri aporrea la puerta de mi habitación.

-¡¡Vamos Luna!! A las 6:45 debemos estar en el  patio.

¿Y eso no me lo podía haber dicho anoche cuando llegamos? ¿Durante la cena? ¿Antes de irme a dormir sin dirigirse a mí prácticamente para nada? ¿No me podría haber dicho, “ Luna el desayuno es a las 6 y a las 6:45 tenemos que empezar nuestro entrenamiento!”?

No.

Es mejor así. Terapia de choque.

-Voy – contesto sin gana.

He pasado una noche horrorosa. Estoy en Noruega. Rodeada de extraños. Mi vida ha quedado atrás. Echo de menos a mi familia. Estoy asustada. Y la única razón que me hacía sonreír y confiar en que todo iba a ir bien, me ignora y trata con una indiferencia atroz. Y ahora me despierta sin contemplaciones como si estuviera en el ejército.

Las cabañas de Noruega de la familia Marté, están situadas en una villa al norte de la pequeña ciudad. Es una especia de urbanización de pequeñas granjas. La de los Marté es de las más grandes. Consta de 5 preciosas cabañas que se cierran en torno a un patio central, como un jardín sin flores pero lleno de nieve. Es una pasada, las cabañas son de estilo rural pero con todo lujo de detalles en su interior, son grandes como para un equipo de futbol cada una, con varios baños, luz tenue, cálidas, cocinas totalmente equipadas, habitaciones individuales con camas mulliditas y cómo no, con servicio. Yo estoy en una cabaña y Uri está en otra. No vaya a ser que queramos hablar.

He desayunado un café. No tengo ganas de nada más. Salgo al patio central, vestida con la ropa que me ha dejado Uri preparada, que es una especie de quimono súper cómodo marrón, pero muy poco favorecedor y una chaqueta que corta el viento pero que abriga poco.

Uri está fuera esperando también. Está saliendo el sol, un sol frágil, ilumina pero no llega a ser de día. Hace aire y caen algunos copos de nieve. ¿Qué día es hoy? ¿Lunes? Vamos a empezar la semana con buen pie. Al menos sonríe Luna. Aunque él no te mire.

Un señor delgado y fibroso sale de la cabaña que hay justo a la derecha de la de Uri. Lleva una ropa ligera, unos pantalones anchos y una camiseta ajustada pero flexible. Parece que él no siente el frío. Tendrá unos 50 años. Bien afeitado pero desgreñado. Pelo gris y ojos azules.

Urí se cuadra y se inclina cuando le ve aparecer. Yo miro hacia abajo en señal de sumisión. Digo yo que se hará así. Ya me enseñará el gesto que debo hacer al verle.

Se planta delante de mí. Levanta mi cabeza con una mano sujetándome la barbilla. Me mira a los ojos. Yo le sostengo la mirada. Aunque no tengo muy claro que eso sea buena idea. El sonríe.

-Lenny, supongo- digo.

Uri se avergüenza. Noto que está nervioso. Parece que no debería haberme dirigido al maestro. Pero éste vuelve a sonreír.

-Luna, supongo – me contesta.

Asiento. Algo más tranquila. Parece que le caigo bien.

-A ver que eres capaz de hacer – dice cambiando el tono de voz.

Eso me ha gustado menos. El maestro se separa  algo de mí. Uri está muy nervioso. Lo noto.

Le miro sin entender. De repente siento como Lenny arma su brazo dispuesto a hacerme trizas. Su cara me aterroriza, su expresión serena se ha transformado en pura energía y violencia, casi veo cómo el aire de su alrededor se arremolina y una especie de bola de energía brota de sus dedos y se dispara hacía mí. Yo cierro los ojos esperando recibir un golpe que me destrozará. Siento un impacto brutal. Pero no ha sido contra mí. Ha sido contra Uri. Que ha recibido esa bola de luz por mí. Se ha colocado entre el maestro y yo y ha recibido el golpe evitando que me hiciera volar por los aires. Veo su cara de dolor. Y cómo se retuerce en el suelo. El maestro con una mezcla de sorpresa e indiferencia ¿Cómo puede ser tan bestia este tio? ¿Qué se ha creído? ¿Por qué quiere hacerme daño? ¿Por qué ha hecho daño a Uri? Mi Uri…

Levanto la vista. Esta vez siento que yo voy a cámara lenta. Siento el viento. Siento los remolinos que crea el maestro, siento las hojas de los arboles que están debajo de la nieve, oigo a las cuatro personas que han salido al patio a ver qué pasaba, a ellas y a las de las cabañas de las villas de alrededor. Veo. Veo al maestro. Sorprendido. Siento rabia. Pero no impotencia. Más bien todo lo contrario. Yo soy potencia. Me parece estar creando mil remolinos, mil mini tornados a mí alrededor. Me parece estar iluminando allá donde miro. Me parece que mis pies no están en contacto con el suelo. Mi pecho se hincha y noto cómo cada una de mis células respira.

El maestro se arrodilla. Y yo, caigo al suelo rendida. A mi alrededor la nieve se derrite.

Todos miran sobrecogidos…poco a poco y de entre las cabañas como salidos de los bosques de alrededor unos lobos gigantes  comienzan a acerarse. Las personas que allí se hayan les abren paso desconcertados los animales olisquean mi cuerpo ahora inconsciente y exhausto lloriquean, juegan en torno a mí, saltan, tranquilos…Todos menos uno. Uno blanco. Que aúlla. Los demás se acomodan a mí alrededor ¿De dónde han salido?

Uri, aún en el suelo, se incorpora un poco para ver la escena. Sonríe. Sí, esa sonrisa, por la que iría al fin del mundo.

Los lobos aúllan a mi cuerpo en ese extraño amanecer. Sin sol. Pero con Luna.

“When you say nothing at all” Ronan Keating

“It’s amazing how you can speak right to my heart
Without saying a word you can light up the dark

Try as I may I can never explain

What I hear when you don’t say a thing

The smile on your face let’s me know that you need me
There’s a truth in your eyes saying you’ll never leave me
The touch of your hand says you’ll catch me wherever I fall
You say it best, when you say nothing at all

All day log I can hear people talking out loud (oh?)

But when you hold me near (oh, hold me near)
You drown out the crowd (drown out crowd)
Old Mr. Webster could never define
What’s been said between your heart and mine

The smile on your face let me know that you need me
There’s a truth in your eyes saying you’ll never leave me
The touch of your hand says you’ll catch me wherever I fall
You say it best, when you say nothing at all?oh

The smile on your face let’s me know that you need me
There’s a truth in your eyes saying you’ll never leave me
The touch of your hand says you’ll catch me wherever I fall
You say it best, when you say nothing at all.”

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4 pensamientos en “Banda Sonora de Luna. Capítulo V.”

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